En la exposición «Cola de buey, trabajos esporádicos», el artista presenta una serie de obras que forman parte de un proyecto mayor en desarrollo; una especie de work in progress donde se evidencian operaciones visuales enmarcadas en lo que podríamos denominar gráfica expandida. Su propuesta se caracteriza por el uso de variadas técnicas y soportes, tales como la fotografía, el grabado, la serigrafía y la impresión fotostática, utilizando piroxilina para el traspaso de imágenes sobre materiales como láminas de acrílico, papel y cueros vacunos.
En su investigación visual, las figuras del campo, el matadero, el matarife y el vacuno ocupan un lugar central. En relación a lla figura del vacuno es importante señalar que en el arte chileno existen propuestas que podemos nombrar como referenciales, y con las cuales la obra de Manuel Pertier entra en diálogo, una de ellas pertenece a la artista Bernardita Vattier “ Hekatombe” (matanza de cien bueyes), del año 1994, otra referencia la tenemos en las obras picto-gráficas del artista Gonzalo Díaz “Las Viitudes, Los serafines ,Los tronos y Los Querubines” y “Tautologías” de 1983, la siguiente corresponde a la artista Sybil Brintrup, con su proyecto titulado “Vaca mia”, 1993 y la obra emblemática “A la carne de Chile” 1978-79 del artista Carlos Gallardo. La propuesta visual de Pertier que se presenta en galería CABA se nutre de imágenes de archivo pertenecientes a los antiguos mataderos de Santiago, donde la figura del matarife y el animal sacrificado generan una tensión que se extrapola a la obra gráfica. Otro elemento relevante es la postura corporal del animal: una serie de gráficas muestra vacunos en posición lateral o en escorzo, donde la contorsión del cuerpo herido o yacente antecede la escena del sacrificio. Asimismo, el artista recurre a imágenes e historias vinculadas con lo marginal y periférico, guiñando a obras como la novela El roto de Joaquín Edwards Bello, donde el matadero se presenta como un paisaje de miseria, abandono y vicio.
El trabajo de Pertier transita entre la poesía y la visualidad. La palabra y el texto poético adquieren gran importancia, al igual que la dimensión objetual, donde el artista utiliza la piel desollada de vacuno como soporte. El acto de desollar —retirar la piel tras el sacrificio para la producción de cuero— cobra un sentido simbólico clave en la muestra.
En la historia del arte, la imagen cruda y visceral del buey desollado ha sido retratada en la pintura homónima de Rembrandt (1655), reinterpretada a inicios del siglo XX en París por Chaim Soutine y, posteriormente, por Francis Bacon. Asimismo, resulta ineludible la escena inicial de la película Goya en Burdeos, donde Carlos Saura muestra el cuerpo carneado de un gran buey colgado en un establo, de cuyas entrañas emerge el rostro de Goya (filme dedicado a su hermano, el pintor Antonio Saura).
Sin embargo, Manuel Pertier no pinta al buey desollado: expone sus pieles directamente. Sin ánimo decorativo, hace comparecer los cueros como puros «pellejos».
En el mundo ganadero existe el método de herrar o marcar al fuego para acreditar la propiedad del animal. En la propuesta de Pertier, la marca de tinta serigráfica actúa como ese sello: el artista aplica textos serigrafiados sobre el cuero, haciendo que el enunciado poético se instale sobre la piel, este gesto subvierte la práctica ganadera del marcaje a fuego sustituyéndola por la impresión serigráfica, entonces, por extensión, esta marca sugiere que el verdadero propietario de este ganado —de estas pieles— no es otro que la Poesía.
Antonio Guzmán Q Curador Galería CABA